Los espíritus de la Naturaleza
Duendes, ninfas, dríadas, elfos, hadas...



Luego que amanece huyen,
cada cual para su lado,
brujas, duendes,
visiones y fantasmas.

(Francisco de Goya, en uno de sus "Caprichos")


Ya tuvimos una primera aproximación a ellos cuando, en el apartado
dedicado a los espíritus elementales, citamos la singular experiencia
vivida por Olgivie Crombie en 1966. Es el momento, pues, de
introducirnos más en este mundo de seres tan singulares. De conocer a
los duendes, las ninfas, las dríadas, los elfos, las hadas y otras
criaturas, que muchos denominan el Buen Pueblo o la Buena Gente. Como se
verá, existen muchas relaciones y puntos en común entre los elementales
y los espíritus de la Naturaleza, según las interpretaciones que de
ellos han realizado distintos autores. Si ni siquiera los mismos
cabalistas, o los estudiosos y expertos en folklore, tienen claras las
diferenciaciones o las semejanzas, vano sería que nosotros
pretendiéramos aquí resolverlas.

Pero sí sabemos algo concreto. Y es que los espíritus de la Naturaleza
tienen suficiente atractivo, además de entidad y características propias
para bien merecer todo un capítulo aparte.
 

DUENDES

Esprit follet en francés, follet en catalán, folletto,diavoletto en
italiano, goblin,elf en inglés, poltergeist,kobold en alemán, nuestros
duendes o trasgos son tanto los espíritus que se cree habitan en algunas
casas y que hacen travesuras, inquietando a los moradores y haciendo por
la noche mucho ruído y transtornos, como los seres de pequeña estatura,
enanos o gnomos, que aparecen en las tradiciones populares de
prácticamente todos los países europeos (incluída la nuestra, la
ibicenca). Y no los encontramos solamente en los denominados "cuentos de hadas",
en las canciones infantiles para  acunar a los niños o para los juegos de éstos,
o en baladas o romances tradicionales, sino en otras muchas obras literarias
de mayor envergadura, como pueden ser, por citar sólo dos ejemplos, el
Mahabharata hindú o la Odisea de Homero. Aunque lo cierto es que sólo a
partir del siglo XIX comenzó a dejarse constancia escrita de las
antiguas tradiciones y narraciones orales populares.

Los hijos de la Madre Naturaleza no están sujetos a las leyes
materiales de nuestra existencia, poseen a veces virtudes tales como la
de viajar a través de las dimensiones y pueden aparecerse o desaparecer
en un instante.

Según la creencia popular, el diminuto tamaño que presentan cuando
deciden hacerse visibles a los humanos, es únicamente una apariencia que
los duendes pueden cambiar a voluntad. Están considerados como seres
intermedios entre los espíritus y los hombres, y poseen poderes
sobrenaturales. Por ejemplo, el de adoptar diferentes formas o
comunicarlas a los mortales, y el poder hacerse invisibles mediante un
sombrero, una capa o cualquier prenda u objeto. Edward L. Gardner afirma
que "...el cuerpo normal de gnomos y hadas no tiene forma definida (...)
no tienen una estructura precisa y sólo pueden describirse como nubes de
colores pequeñas, nebulosas y algo luminosas, con un núcleo muy
brillante parecido a una chispa".

Los duendes viven o bien en comunidad, ocupándose de trabajar los
metales o la tierra, como los gnomos alemanes, o bien en forma aislada,
como es el caso del leprechaun irlandés. Se supone que viven bajo la
tierra, de donde extraen los metales, pero asimismo lo hacen en los
bosques y en otros muchos lugares . En algunas tradiciones el país de
los duendes está en islas fabulosas o en las aguas de ciertos ríos,
mares o lagos, y puede llegarse a él mediante pasajes subterráneos,
pozos o excavaciones profundas. También se ha representado a este país
como íntimamente unido al nuestro, compartiendo la misma dimensión en el
espacio y en el tiempo, pero con otras características y siendo
invisible a los mortales, salvo en muy excepcionales ocasiones.

Cada país tiene sus propias y peculiares tradiciones en cuanto a
duendes se refiere, y los hacen habitar en los lugares ya citados, o
viajando en las nubes de arena tempestuosa, como los djinns de los
cuentos árabes de "Las Mil y Una Noches". En algunas leyendas
castellanas son hermosos y bien proporcionados, mientras que los kobolds
germánicos son feos y hasta contrahechos.

Los duendes tienen gran afición a la música, el canto y el baile, y a
veces pueden engañar a los mortales llevándolos a sus danzas nocturnas o
arrastrándolos, a su reino. Pueden ser vengativos y crueles si se les
hace daño, y golpean, hacen tropezar o caer a quien les molesta o bien
le producen graves enfermedades, e incluso la muerte.

Si roban el ganado, dejarán en su lugar otros animales idénticos, pero
cuya apariencia es sólo ilusoria. Si atormentan a los humanos, llegarán
a hacerles caminar durante la noche, recorriendo largas distancias,
haciendo que les sirvan de cabalgadura, o les fastidian de muchas y muy
diversas maneras. Les disgusta ser sorprendidos y, en tal caso, pueden
ofuscar, embrujar o dejar ciego al atrevido que haya osado espiarles.

El misterioso "oro de los duendes" no es más que otra de sus
facultades, la de convertir aparentemente objetos de ínfimo valor en
preciosas joyas o en oro. También se afirma que poseen prodigiosos
conocimientos de los poderes de la naturaleza, pudiendo adivinar dónde
se encuentran las cosas desaparecidas o descubrir las invisibles. En
algunos pueblos escandinavos o teutónicos y en los países celtas, se les
relaciona asimismo con los fantasmas o espíritus de los muertos, con
quienes se dice llegan a estar aliados, cuando no toman su misma
apariencia, si les conviene engañar o confundir.

Su existencia es más dilatada que la de los humanos, pudiendo llegar a
vivir varios siglos, aunque no son inmortales. De necesitarlo, para que
su raza no desaparezca en ocasiones roban niñas o muchachas jóvenes para
unirse posteriormente con ellas, lo que ha dado lugar a numerosas
leyendas de seres fantásticos semihumanos (o semiduendes, que para el
caso es lo mismo). Otras veces buscarán mujeres embarazadas para
robarles sus hijos cuando nazcan, dejando en su lugar un duendecillo con
la misma apariencia que el bebé sustraído y suplantado.

Pero no siempre los duendes juegan malas pasadas o causan graves daños
a las gentes. Hay otros que parecen existir únicamente para efectuar
travesuras o jugarretas fastidiosas, risibles o ridículas. Este es el
caso del poltergeist alemán, que mueve, cambia los muebles de sitio, los
saca fuera de la casa, lo altera y revuelve todo, o bien enciende el
fuego, llena el aire de llamas o acaricia con una mano fría como el
hielo la cara de la persona burlada, haciéndole sentir auténticos
escalofríos. En Francia y en Cataluña acciones similares o parecidas se
atribuyen a los follets, mientras que en Ibiza este último, el follet,
tiene una distinta interpretación: es más un alienamiento, un estado de
"locura", una inquietud mental o espiritual, no una entidad concreta .

A los duendes maléficos y burlones se les puede alejar mediante
artificios tales como el hierro, la escoba y el agua corriente, o al
menos preservarse de ellos. Pero en otras muchas ocasiones, estos seres
ayudan a los mortales en sus trabajos y quehaceres y también les sacan
de sus apuros, siendo simpáticos y amables y conformándose con muy poca
o nula recompensa.

El duende doméstico que vive en los hogares únicamente se alimenta con
alguna que otra escudilla de leche, y el fameliar ibicenco sólo exige
feina o menjar (trabajo o comida). Otras veces se contentan con el
regalo de un sombrero nuevo, una prenda de ropa o un obsequio bonito al
cabo del año. Goya, a quien hemos citado al principio de este capítulo,
comentando otro de sus "Caprichos" dice de ellos: "Los duendecitos son
la gente más hacendosa y servicial que pueda hallarse; como la criada
los tenga contentos, espuman la olla, cuecen la verdura, friegan, barren
y acallan al niño". En este sentido, el duende doméstico tiene gran
similitud o analogía con los lares romanos. El genius loci de los
latinos,era un duendecillo que tomaba la forma de serpiente.

Otros pueblos y razas tienen asimismo sus duendes y espíritus
domésticos. De ahí que no debe extrañar que la creencia en estos seres
tenga una íntima relación y analogía con el culto a los muertos y las
leyendas de las hadas y las brujas. La pequeña estatura que en general
se les atribuye se relaciona con su semejanza con las almas de los
muertos, representadas como diminutos hombrecillos en las cerámicas o
relieves griegos y romanos, en los bajorrelieves egipcios y en las
culturas hindúes.

Algunos autores opinan que, por su estatura y atribuciones, podrían ser
formas de degeneración de antiguas divinidades, como los dasine sidue
irlandeses o los gliscas de la Galia celta. O que representaban una raza
pequeña vencida por conquistadores de mayor estatura, como pudieron
haber sido los aborígenes fineses de Irlanda, despojados de sus tierras
por los celtas y convertidos por la fantasía popular en los duendes
feinn.

Se les ha considerado también como simples espíritus de la naturaleza,
viviendo entre los árboles y los bosques, o en las aguas, o adoptando
formas de animales...todo lo cual no ha hecho sino contribuir más a la
confusión existente, ya de por sí notable. Como ya comentamos en el
prólogo de este capítulo, muchas de las divisiones, subdivisiones y
clasificaciones que se han hecho de los seres invisibles son
arbitrarias. El mismo Paracelso admitía que es extremadamente difícil
encontrar definiciones concretas para estas diversas clases de seres.

Mencionamos a continuación algunas obras que pueden llevar al lector a
este "mundo invisible" y ayudarle a conocerlo mejor.
Así, por ejemplo, recomendamos la "Guía de Campo de las Hadas y demás
Elfos", de Nancy Arrowsmith (Biblioteca de Cuentos Maravillosos, Palma
de Mallorca, 1986). "Hadas", de Brian Froud y Allan Lee. "Los Gnomos",
de Wil Huygen y Rien Poortvliet". "Cuentos de Elfos y Gnomos", "Cuentos
de Hadas Irlandeses" y "Ondina", estos tres últimos en la colección
"Fantástica" de la Editorial Obelisco. "La hija del rey del País de los
Elfos", de Lord Dunsany (Visión-Arcadia) y "Bosque Mitago", de Robert
Holdstock (colección Gran Fantasy, de Martínez Roca), son algunas de las
mejores obras más recientes y que fácilmente pueden encontrarse en las
librerías. Amén de otras de las que,a lo largo de este capítulo,
daremos también algunas referencias.
 

ELFOS

Raza formada por hombres y mujeres de pequeña estatura que habitan en
cavernas y subterráneos de muchos países. La descripción que de ellos
dan las leyendas populares y las características que se les atribuyen,
hacen que posean numerosas coincidencias con los duendes y las hadas, y
por tanto en dichos grupos los incluimos. Digamos aquí, no obstante, que
comúnmente se les describe como unos duendes feos y deformes, con
enmarañadas y abundantes cabelleras y armados de dardos de piedra que
saben disparar con certera puntería. Muchas de las puntas de flecha o de
lanza, de sílex, halladas en cavernas de las islas Británicas, fueron
atribuídas por la creencia popular a los elfos, creyéndose que los
animales heridos por tales flechas morían fulminantemente. Como sucede
con los duendes,a unos se les atribuyen poderes maléficos que utilizan
para hacer el mal, mientras que otros se presentan como de naturaleza
generosa, que hacen el bien, ayudan y protegen a los humanos en caso de
necesidad; pero en su mayoría, se les considera perversos.

Una de sus principales características es el llamado canto de los
elfos, una serie de singulares canciones y melodías, especiales y
secretas, con las que consiguen todo tipo de encantamientos y hechizos,
y que pueden transtornar de forma irremediable a los mortales que tengan
la desgracia de escucharlas.

Se ha pretendido ver una cierta semejanza de los elfos con los lapones
e incluso con los pigmeos africanos; como asimismo se cree que el pueblo
elfo fue el que dio origen a las historias célticas y germánicas sobre
los gnomos y los duendes. Sus características, insistimos, tienen muchos
puntos de contacto con los ya citados y asimismo con los follets; sin
embargo, parece haber algo que los diferencia sustancialmente de otros
compañeros del mundo mágico: y es que la raza tradicional de los elfos
posee,según parece,caracteres simiescos,estando dotados de unos brazos
tan largos que casi les llegan a los tobillos cuando están de pie.
Nancy Arrowsmith dice de ellos: "Son tristes, vengativos, pesados,
amicales, bromistas y llenos de odio, dependiendo de las circunstancias,
polifacéticos como la propia Naturaleza, fauna psíquica que toma
multitud de formas (...) Alcanzan medidas que van desde la talla de un
hombre hasta la pequeñez de algunos que pueden esconderse en una brizna
de hierba..."

Nunca ha sido fácil para la especie humana ver a los elfos. Sin
embargo, niños, poetas, videntes, curanderos o quienes poseen el don de
la "segunda visión", quienes han sabido sintonizar y vivir en paz con su
entorno natural, han tenido ocasiones de entrar en contacto con ellos y
otros espíritus similares. Estas historias se han transmitido hasta hace
bien poco, como decíamos antes, únicamente mediante la tradición oral. Y
no pocos de esos "encuentros" han sido considerados "oficialmente"
alucinaciones, fantasías o, simplemente, jugarretas de la mente humana,
sin intentarse siquiera buscar otra explicación ni significado.
 

HADAS

Llamadas fées en Francia y Alemania, fatas en Italia, fairies en Gran
Bretaña e Irlanda, fades en Cataluña, Baleares y Portugal, son seres
fantásticos de naturaleza intermedia entre los seres espirituales y la
raza humana, y están compuestas de una materia sutil y neblinosa que les
permite hacerse invisibles o, por el contrario, materializarse a
voluntad.

Debido a que su mundo (como el de los duendes) está muy cerca del
nuestro, aunque en otra dimensión, las hadas tienen muchas cosas en
común con los mortales: se dedican a sus ocupaciones y sus trabajos, sus
peleas y sus diversiones, se casan y tienen hijos...pero, a la vez,
tienen propiedades y poderes que sobrepasan en mucho a los de los
simples seres humanos. Se las conoce de muchas formas: damas blancas,
damas buenas...y otras. Algunas de ellas tienen nombres popularizados a
través de muchas leyendas y narraciones: Fionbar, Huldra, Oberon...

La primera de sus virtudes mágicas es, cómo no, la invisibilidad,
cubriéndose con mantos o sombreros mágicos o escondiéndose dentro de
alguna flor; pudiendo este don concederlo ellas a los mortales, si se
hacen merecedores de tal gracia. Se ha dicho a veces que son inmortales,
pero por lo general se cree que no lo son, al igual que otros seres del
mundo fantástico, pero sí están dotadas de una gran longevidad, que en
cifras humanas puede significar varios siglos.

Pueden también tomar la forma y la figura que deseen y comunicársela a
otros seres, y tienen un maravilloso conocimiento de la Naturaleza.
Como sucede con los duendes, hay varias teorías y suposiciones que
intentan explicar su origen. Una de ellas las cree descendientes de los
ángeles rebeldes, arrojadas del cielo y obligadas a morar en el mar, en
los aires o en los abismos, o que al ser arrojadas del infierno, en su
subida hacia el cielo se quedaron a medio camino, cerca del mundo de los
mortales. A este respecto, el P. Le Brun, en su "Histoire des
Superstitions" (París, 1750), afirma que las hadas eran criaturas de
Dios que El no pudo terminar en el último día de la Creación. "Y por
este motivo, según el rabino Abraham, estos espíritus gustan únicamente
de las montañas y sólo se muestran a los hombres durante la noche".

Otros estudiosos o investigadores dicen que son las almas de los
druidas o de los niños que murieron sin recibir el sacramento del
bautismo. Finalmente, hay quienes las consideran espíritus de una raza
prehistórica, incluso prehumana, transformada posteriormente en seres
sobrenaturales.

En ciertos países, como Irlanda, se las asocia a las divinidades y se
les ofrecen dones para mantenerlas favorables al hombre. Vistas en este
aspecto, serían una variante de los primitivos espíritus de la
naturaleza, íntimamente ligados a los campos, bosques, colinas, ríos y
fuentes. Los celtas y los teutones creen, asimismo, que hay seres
acuáticos que pueden presentarse con diversas apariencias de animales.

La fantasía poética afirma que los reinos de las hadas son tres. Uno de
ellos, Avalón, una isla legendaria en medio del océano, en la que reina
el hada Morgana. Otro estaría en el interior de la tierra, con lujosos y
espléndidos palacios, un auténtico mundo subterráneo; y otro, en fin,
localizado en las espesuras de los bosques y selvas sombrías. Estos tres
reinos, invisibles, pueden desplazarse mágicamente en el espacio y en el
tiempo, y aparecer o instalarse en cualquier lugar que las hadas deseen.

Hay toda una extensa literatura acerca de las hadas, aunque ahora sólo
aparezcan, prácticamente,en los cuentos infantiles, a excepción de
algunos notables relatos o novelas modernas de fantasía.
Pero podemos citar aquí obras tan hermosas e imprescindibles como la
leyenda de Lanzarote del Lago (uno de los caballeros de la Tabla Redonda
del rey Arturo), el "Oberon" de Wieland, la "Jerusalén Libertada" de
Tasso, los "Cuentos de Mamá Oca" de Perrault y los "Cuentos de hadas",
de Madame Aulnoy; sin olvidar, por supuesto, "Las Mil y Una Noches".
 

NINFAS

Llamadas nymphes en francés, inglés y alemán, ninfas en italiano y
castellano y nimfes en catalán, son cualesquiera de las deidades de las
aguas, bosques y selvas, y se las conoce con varios nombres, como
dríadas, nereidas, náyades, etcétera.

Las ninfas deben su origen a las aguas del cielo, y Homero las hace
hijas de Júpiter, el dios de la tempestad. Desde lo alto caen sobre la
tierra, y en el seno de ésta van por caminos secretos, apareciendo
después en forma de manantiales. Los sacerdotes griegos las invocaban
junto a las fuentes, ofreciéndoles sacrificios y plegarias, solicitando
a las Ninfas que hiciesen caer la lluvia. Una costumbre parecida se
conservó hasta principios del siglo XIX en el País de Gales.

Son, pues, personificaciones de las fuerzas naturales que presiden el
crecimiento y la fecundidad en los reinos vegetal y animal. Todos los
productos de la tierra están bajo su protección, les dan calor y humedad
y los hacen crecer y fructificar. Incluso los mismos hombres están bajo
su benéfica protección. Al nacer los niños, se daban gracias a las
ninfas mediante sacrificios, y se las veneraba asimismo en las
celebraciones matrimoniales, para que bendijeran la fecundidad de la
mujer y la felicidad de la pareja.

Los griegos las dividieron en cuatro grandes clases: las ninfas de las
montañas (orestíadas), las de los ríos y fuentes (náyades), las de los
campos (agronomoi) y las de los árboles (hamadríadas y dríadas).
Todas ellas son hermosas sin excepción, muy aficionadas a los juegos y
a las danzas. No pocas veces se han unido con humanos, tras enamorarse
de ellos (o los humanos de las ninfas,claro está), y ello ha dado origen
al nacimiento de muchos héroes y gigantes mitológicos.

NINFAS DE LAS AGUAS.- Las náyades habitan en las fuentes o manantiales
de los ríos, e imperan también en las aguas estancadas y las lagunas. El
don de curar las enfermedades es privilegio exclusivo suyo, pero la
facultad profética es común a todas las ninfas. Particularmente, se las
considera otorgadoras de la salud en las aguas, fuentes o manantiales de
propiedades y virtudes medicinales.Las cinco de la mañana, cuando los
griegos acostumbraban a tomar sus baños, era para ellos la hora de las
ninfas. Por su parte los romanos, que consideraron a las ninfas
únicamente deidades del elemento líquido, les erigieron monumentos en
las cercanías de fuentes termales, lagos y baños, haciéndoles asimismo
sacrificios y ofrendas y dedicándoles inscripciones votivas a las que
curaban enfermedades.

NINFAS DE LAS MONTAÑAS.- Las orestíadas habitan en las cumbres de las
montañas, los frescos valles, las grutas...en tales lugares, estas
ninfas se relacionan frecuentemente y comparten su existencia con otras
divinidades que también habitan las montañas y los bosques, como son el
dios Pan, los sátiros, los faunos y los silenos,quienes las acompañan en
sus fiestas y bailes o las espían, intentando tentarlas, cuando se bañan
o danzan desnudas; Dionisos (Baco),que las invita a disfrutar de todos
los placeres y a suculentos banquetes; Cibeles, la madre de los
dioses,que las enseña a estar siempre bellas y hermosas y cómo atraer
con sus encantos al mortal más recalcitrante; o Artemisa (Diana), que
les enseña los trucos y secretos de la caza.

NINFAS DE LOS CAMPOS.- La morada de las agronomoi son los bosques
umbríos y las húmedas praderas. A ellas se debe el crecimiento y la
reproducción de los animales domésticos, en especial del ganado lanar y
vacuno. Como divinidades campestres, están relacionadas con el dios
Hermes (Mercurio), con Pan y con Apolo Nomio. Se les atribuye la
invención del canto y de la flauta con la que tantas veces se ha
representado al diosecillo de piernas de carnero o a los sátiros. En la
poesía pastoril sustituyeron a las musas como patronas del género.

NINFAS DE LOS ARBOLES.- Originariamente las hamadríadas fueron
distintas de las ninfas de los bosques, aunque después se las confundió.
Las ninfas de los árboles se dividieron, asimismo, en dos clases: las
hamadríadas nacían con ellos y no se separaban nunca de ellos,viviendo y
habitando en su interior y constituyendo el alma del árbol. La partícula
hama significa comunidad, recíproca dependencia. Drys es encina, pero
por extensión se aplica a toda clase de árbol. En cambio, las simples
dríadas habitaban, libres, en medio de los árboles.

Posteriormente, debido a una asimilación progresiva con las ninfas de
los bosques, se atribuyó a las dríadas y hamadríadas el poder de
separarse temporalmente del árbol donde vivían (las primeras) o del cual
vivían (las segundas).

Ambas clases de ninfas no eran inmortales. Estaban sujetas a la muerte,
de la misma manera que los árboles de los cuales dependían. A pesar de
ello, tanto Homero como otros poetas griegos les atribuían gran
longevidad. Por ello, los árboles morada de las ninfas estaban
considerados como sagrados, y ni el hacha ni la mano del hombre podían
profanarlos, hasta que algún sacerdote, con su sabiduría, no asegurara
firmemente que tales árboles habían sido ya abandonados por sus
habitantes.

A las dríadas se las representaba como mujeres jóvenes y robustas, con
los cabellos largos y esparcidos al viento, el cuerpo terminado en árbol
en su parte inferior, los brazos en ramas. Podían separarse
temporalmente y así vagar y danzar por entre ellos. Incluso una ninfa de
los árboles, Eurídice, contrajo matrimonio con Orfeo. No hay que
confundir con estas ninfas a ciertas heroínas a quienes los dioses
transformaron en árboles, como los ejemplos de Mirra en el árbol del
mismo nombre, Pitis en pino, Dafne en laurel...

Antiguas creencias aseguraban que, cada vez que naciese un niño, debía
plantarse un árbol y colocar al recién nacido bajo la influencia del
espíritu protector que lo habitaba.

Las ninfas transmitían a sus hijos el don de la profecía y de la
adivinación. Sibilas, adivinos y profetas fueron concebidos por ninfas.

En cambio, otras veces castigaban con la demencia o la locura frenética
a los imprudentes que habían osado contemplarlas, con ojos indiscretos,
desnudas en las fuentes o en los bosques. La palabra nympholeptos
designaba a tales individuos.

Las ninfas tienen muchos puntos de semejanza con las hadas y ondinas de
otras leyendas y tradiciones, repartidas por todo el mundo. Como las
hadas, pueden metamorfosearse, tener relaciones con los hombres,
enamorarse y unirse a ellos. Como el de las hadas, el amor de las ninfas
suele traer casi siempre fatales consecuencias. Así le sucedió al
infortunado Dafnis, que fue castigado con la ceguera por haberse
olvidado de la promesa de amor eterno otorgada a la ninfa Cloe. Como las
ondinas, las ninfas aman a los adolescentes hermosos, los seducen de
forma irresistible y se los llevan con ellas hasta sus moradas
acuáticas, como le sucedió al héroe Hilas, compañero de Hércules.
Incluso hoy día, en la Psiquiatría moderna es comúnmente usado el
vocablo ninfomanía para definir cierto tipo de enfermedad de la mujer,
que la conduce a una excesiva o incontrolada ansia sexual.

EL PAIS DE LAS HADAS

El investigador francés Jacques Vallée, en su libro "Pasaporte a
Magonia" (Plaza y Janés, 1976), realiza un magnífico y documentado
estudio sobre el pueblo de las hadas, ofreciendo, amén de una extensa
bibliografía, toda una inquietante serie de casos, testimonios y
coincidencias con otra temática no menos misteriosa, la de los objetos
volantes no identificados (ovnis) y sugiriendo que podría haber una
relación muy estrecha entre los visitantes de otros mundos y los
habitantes del país mágico. Es un libro que recomiendo encarecidamente
al lector, porque plantea interrogantes verdaderamente singulares.

También puede consultarse, aunque sólo se ha editado en Francia (1982),
la obra "Fantastiques rencontres au bout du monde" (Encuentros
fantásticos alrededor del mundo), de Jean François Boedec, en la que
aparecen notables ejemplos de las semejanzas existentes entre algunos
"extraterrestres" descritos por quienes afirman haber tenido algún
encuentro cercano con ellos (los denominados "de tercera fase") y estos
personajes del mundo invisible.

La relación citada con los extraterrestres escapa, muy a nuestro pesar,
por ser demasiado extensa, a nuestras intenciones en esta obra. En
cambio, aparecen en esos trabajos citados, muchos datos sobre duendes y
hadas, de extraordinaria validez, que sí nos interesan de manera
especial.

En su obra, Vallée cita a otros varios investigadores que se han
ocupado de recopilar tradiciones, leyendas y mitos populares. Entre
ellos figura un norteamericano llamado Walter Wentz, quien en 1909
dedicó mucho tiempo a recoger datos sobre seres sobrenaturales, sus
costumbres, sus contactos con los hombres y sus alimentos.

Aunque son muchos los estudiosos que afirman que esta gentecilla se ha
ido haciendo cada vez más tímida a medida que la civilización avanzaba,
alejándose progresivamente del contacto con los seres humanos, al
parecer aún existen lugares donde se han preservado. Wentz cita el
testimonio de un informante, que vio a uno de ellos cerca de Ben Bulben,
una famosa montaña de Dublín (Irlanda), perforada por numerosas y
curiosas grutas. (Los irlandeses les llaman el Pueblo, y los escoceses
el Buen Pueblo o la Buena Gente, Sleagh Maith).
Ese testimonio, que nos permitimos reproducir aquí, ofrece una
interesantísima descripción del Pueblo:

"Esta gentecilla es magnífica, la mejor que yo conozco. Son muy
superiores a nosotros, y por esto se llaman a sí mismos el Pueblo. No
son una clase trabajadora, sino una clase militar y aristocrática, altos
y de noble apariencia. Constituyen una especie distinta intermedia entre
la nuestra y la de los espíritus, según me han confiado. Sus poderes son
tremendos..."Podríamos eliminar a la mitad de la especie humana, pero no
queremos hacerlo - dicen - porque esperamos la salvación". Y yo conocí a
un hombre, hace tres o cuatro años, al que ellos dejaron paralizado.
Tienen una vista tan penetrante, que creo que es capaz de atravesar la
tierra. Su voz es argentina y hablan rápidamente, pero con dulzura.
El Pueblo vive en el interior de las montañas en hermosos castillos, y
posee numerosas ramificaciones en otros países, especialmente en
Irlanda. Algunos de ellos viven cerca de Dublín, en el monte Wicklow. A
semejanza de los ejércitos, tienen sus cuarteles y van del uno al otro.
Mi guía e informante me confió en una ocasión que él mandaba un
regimiento.
Viajan mucho y pueden aparecer en París, Marsella, Nápoles, Génova,
Turín o Dublín como personas corrientes, y hasta en grupos. Sienten
especial predilección por España, el sur de Francia y la Europa
meridional.
El Pueblo demuestra un gran interés por los asuntos de los hombres, y
siempre se ponen de parte de la justicia y el derecho. A veces pelean
entre ellos. Raptan a personas jóvenes e inteligentes que les interesan.
Se apoderan de ellos en cuerpo y alma, y metamorfosean aquél en uno de
los suyos.
Una vez, le pregunté si se hallaban sujetos a la muerte y me
contestaron negativamente, diciendo que se mantenían siempre jóvenes.
Cuando alguna de las personas raptada por ellos prueba su comida, ya no
puede regresar. Nunca comen nada salado, únicamente carne fresca y agua
pura para beber. Se casan y tienen hijos. Y cualquiera de ellos puede
contraer matrimonio con una mujer mortal buena y pura.
Pueden aparecerse bajo distintas formas. Una vez, se me apareció uno
que apenas tenía un metro de altura y era de complexión robusta, pero me
dijo: "Soy mayor de lo que tú ahora me ves. Podemos rejuvenecer a los
viejos, empequeñecer a los grandes y engrandecer a los pequeños".

Otro estudioso,Leroux de Lincy, en su obra "Livres des Légendes",
observa que en las leyendas escandinavas los elfos son representados
como seres de cabeza enorme, piernas diminutas y brazos desmesurados, y
afirma que a ellos se les atribuye la creación de los círculos verde
brillante, llamados elf- dans, que a veces se ven en los prados.
"Incluso hoy día, cuando un campesino danés descubre uno de estos
círculos al amanecer, dice que allí han ido los elfos a bailar durante
la noche".

Y el ya mencionado Wentz cuenta que un campesino y su hija, mientras le
mostraban un "anillo de las hadas", le dijeron: "Sí, las hadas existen,
y aquí se las ha visto bailar con frecuencia. La hierba nunca crece a
gran altura en los bordes del anillo, pues sólo la más fina y corta
crece en este lugar. En el centro, hay un círculo de setas de las hadas,
en las que éstas toman asiento. Son muy menuditas, y les deleita cantar
y bailar. Llevan librea verde, y a veces chaquetas y gorros rojos.
 

En la segunda mitad del siglo XVII, el reverendo Kirk, un erudito
escocés, recopiló todos los relatos que pudo encontrar acerca del Buen
Pueblo y escribió en 1691 un manuscrito (que, según Vallée, no fue
publicado por primera vez hasta 1815, aunque más recientemente se haya
reeditado) titulado: The Secret Commonwealth of Elves, Fauns and Fairies
(La Comunidad Secreta de Elfos, Faunos y Hadas). Vallée destaca que
dicha obra fue el primer intento sistemático de describir a los extraños
seres que tan bien conocidos eran por los campesinos escoceses.

Entre algunos de los descubrimientos de Kirk, se destaca el hecho de
que poseen una naturaleza intermedia entre la del hombre y la de los
ángeles. En lo físico, tienen cuerpos muy ligeros y "fluidos",
comparables a una nube condensada. Son particularmente visibles al
anochecer. Pueden aparecer y desvanecerse a voluntad. En lo intelectual,
son inteligentes y curiosos. Poseen la facultad de llevarse cualquier
cosa que les guste. Viven en cuevas subterráneas, en las que penetran
por cualquier grieta o resquicio que permita el paso del aire. Cuando
los hombres aún no habitaban la totalidad de la Tierra, ellos ya vivían
en ella y poseían su propia agricultura.

Cambian frecuentemente de residencia, porque son incapaces de vivir
mucho tiempo en el mismo sitio. Además, les gusta viajar. Es cuando los
hombres pueden tener encuentros con ellos. Sehallan divididos en tribus.
Al igual que nosotros, tienen hijos, nodrizas, celebran matrimonios y
entierros...a menos que lo hagan para parodiar nuestras costumbres. Se
dice que sus casas son maravillosamente grandes y hermosas, pero muy
raramente son visibles a los ojos humanos. Hablan muy poco. Cuando lo
hacen, conversando entre ellos, su lenguaje es una especie de sonido
sibilante.

Sus costumbres y su lenguaje, cuando hablan con seres humanos, son
iguales a los de éstos. Su sistema filosófico se basa en las siguientes
ideas: Nada muere. Todas las cosas evolucionan cíclicamente y de tal
manera, que a cada nuevo ciclo se renuevan y mejoran. El movimiento es
la ley universal. Aunque se dice que tienen una jerarquía de dirigentes,
no demuestran devoción visible a Dios ni religión, y finalmente, pueden
hacerse aparecer a voluntad mediante la magia.

Antes de terminar este capítulo, quiero incluir aquí una
hermosa cita, entresacada de "Mythologies", del poeta y escritor
británico W.B. Yeats:
"...toda la Naturaleza está llena de gente invisible...algunos de ellos
son feos y grotescos, otros malintencionados o traviesos, muchos tan
hermosos como nadie haya jamás soñado, y...los hermosos no andan lejos
de nosotros cuando caminamos por lugares espléndidos y en calma".

(C) Josep Riera